sábado, 6 de mayo de 2006

Para empezar otra vez

Durante este tiempo, he estado esperando que la situación del país se normalice un poco, para empezar a escribir. He estado esperando, leyendo, recopilando información y dándome cuenta de cómo somos los ecuatorianos como sociedad. Si bien es cierto, las marchas y los levantamientos que en principio, originaron mi interés en escribir en este blog, han parado en gran parte debido a la suspensión de las negociaciones del TLC con los Estados Unidos, sin embargo no han parado los pronunciamientos y amenazas de nuevas protestas.
El hecho es que, los "movimientos patrióticos", como desean ser llamados los detractores del TLC, han empezado a dar señales claras de hacia donde desean llevar su lucha. Es claro que el interés fundamental es lograr la “unidad latinoamericana” o al menos la “unidad bolivariana”, auspiciada en términos generales por aquellos mandatarios calificados como “anti imperialistas” pero que a base de la ignorancia de nuestros pueblos quieren hacer un imperio de nuestros países, escudados cobardemente en la bandera bolivariana.
Parte de este esfuerzo por lograr la unidad está representado por la tesis de que nuestros vecinos son nuestro mercado natural y que bien, este mercado, puede sustituir a la potencia “imperialista” del norte. Muy poco se han dado cuenta nuestros “expertos patriotas” que durante la última década las relaciones comerciales con nuestros vecinos han sido deficitarias, en otras palabras, nuestros vecinos nos venden mas de lo que nos compran. E inclusive, como lo señaló en su ocasión el diario Expreso, el Ecuador no ha tenido provecho de la relación nacida con el establecimiento de la Comunidad Andina (CAN), mientras por el otro lado, se pide que no se firme un tratado de libre comercio con un país, que muy aparte de la simpatía o antipatía que genere como consecuencia de su política exterior, es el principal socio comercial de nuestro país y con el cual, la balanza comercial siempre arroja números a favor, en otras palabras, un país al que le vendemos más de lo que le compramos.
Aquí vale la pena una reflexión en cuanto a la doble moral que los “patriotas” exhiben y sobre la forma en la cual manipulan la información en el país. En días pasados Jorge Ortiz (teleamazonas) entrevistó al Dr. Oswaldo Hurtado Larrea (personaje interesante y académico de la política ecuatoriana, algo insipido, pero brillante) y en esta, el Doctor Hurtado manifestaba que el TLC con los Estados Unidos, no es el primero, (y esperemos que no sea el último) que el Ecuador negocia. Nos decía que en primer lugar, el Ecuador ya tiene un TLC firmado con la Comunidad Andina, después de todo, el Acuerdo de Cartagena es un Tratado de Libre Comercio; además, hace poco, el gobierno firmó un Tratado de Libre Comercio con el MERCOSUR. En estas dos ocasiones, no hubo paros, no hubo levantamientos, nadie se rasgó las vestiduras ni se murió de infarto. En estos casos el TLC es bueno, a pesar de que ellos nos venden más de lo que nos compran. ¿Por qué entonces un TLC con los Estados Unidos es malo? (esto queda para reflexión y comentarios)
En todo caso, las negociaciones fueron paralizadas (momentaneamente, puesto que el enfermo ha empezado a dar muestras de vida) gracias a la obra y gracia de nuestro querido y Honorable Congreso Nacional que en un alarde de patriotísmo, emite una ley reformatoria a la Ley de Hidrocarburos, que en su fondo, tiene buenas intenciones (y ya sabemos a donde nos llevan las buenas intenciones), ya que el Estado como tal, tiene bien merecido el participar de los altos precios del petroleo, del cual disfrutaban solamente las compañías petroleras. Esta ley, aparte de incomodar al ejecutivo en Washington a tal punto de suspender la negociación del TLC, es el resultado (y envía al mundo el mensaje) de lo incompetentes que somos como país, para negociar con las compañías petroleras.
El 50% de participación en el alto precio del petroleo, no necesitaba de una ley, necesitaba de un Poder Ejecutivo fuerte y decidido, para sentarse en la mesa de negociación con 4, ¡ SI ! leyeron bien CUATRO compañías petroleras grandes (las demás tienen contratos pequeños o en campos marginales) a saber: Occidental, Encana, Perenco y Repsol YPF, de las cuales, a una, el Gobierno, el Congreso, el Procurador y hasta los movimientos sociales, le tienen entre la espada y la pared con la posibilidad de declarar la caducidad de su contrato.